Guantánamo: cuando la víctima de la filtración es WikiLeaks

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Esta semana, varios medios de comunicación empezaron a publicar reportes basados en documentos clasificados sobre la prisión de clic Guantánamo, originalmente obtenidos por WikiLeaks.

Pero no todos recibieron la información de manos del sitio de filtraciones que, paradójicamente, en esta oportunidad parece haber sido víctima de una filtración.

"Los archivos de Guantánamo son parte de la inmensa colección de documentos secretos filtrados el año pasado a WikiLeaks. Le fueron entregados a The New York Times por otra fuente bajo condición de anonimato", explicó el diario estadounidense en su página web.

"Domschiet (sic), NYT, Guardian, intentaron arruinar Gitmo para nuestra coalición de ocho (medios de comunicación). Pero teníamos información sobre ellos y publicamos primero", reconoció a través de su cuenta en Twitter WikiLeaks.

"Domschiet" parece ser una referencia a Daniel Domscheit-Berg, el ex portavoz de WikiLeaks que en enero de este año creo el sitio alternativo de filtraciones clic OpenLeaks, mientras que "Gitmo" es una abreviatura de Guantánamo.

"Guardian" es, por supuesto, The Guardian, el diario británico que en esta oportunidad solo pudo acceder a los documentos gracias a The New York Times.

Y las aclaraciones muestran lo mucho que han cambiado las cosas desde que ambos diarios colaboraran con el sitio de filtraciones para la publicación de una serie de reportajes sobre la clic guerra en Afganistán, en julio del año pasado.

Socios hoy, enemigos mañana

Efectivamente, la publicación de los "Los diarios de Afganistán" puso WikiLeaks en el centro de un agrio debate sobre los límites de la libertad de expresión, que todavía no termina, y que se recrudeció aún más luego de la filtración de numerosos clic cables diplomáticos estadounidenses, a partir del mes de noviembre.

Las filtraciones también colocaron al gobierno estadounidense en ruta de colisión con WikiLeaks y con los medios de comunicación que reprodujeron el material clasificado.

Pero, a lo largo, del camino WikiLeaks terminó además enfrentado con algunos de sus antiguos aliados.

De hecho, para el momento de la publicación de los cables del Departamento de Estado, la relación entre el sitio fundado por clic Julian Assange y The New York Times se había deteriorado hasta tal punto que el periódico estadounidense sólo pudo acceder a los mismos gracias a la insistencia de sus colegas británicos.

Y cuando llegó el momento de trabajar el material sobre Guantánamo, WikiLeaks decidió dejar por fuera también al que hasta entonces había sido su principal aliado, una decisión que según el jefe de la unidad de investigación de The Guardian fue tomada por el propio Assange.

"Assange no estuvo de acuerdo con varios artículos escritos por The Guardian y The New York Times, en concreto con los que detallaban las alegaciones de clic abuso sexual en Suecia por las que actualmente se enfrenta a un proceso de clic extradición", dijo David Leigh en una nota publicada el lunes en la página web del The Guardian.

"Entonces concibió un plan para distribuir el material sobre Guantánamo solo entre ciertos periódicos rivales, incluyendo al derechista Daily Telegraph, el Washington Post y Al Jaazera", afirmó.

En diferentes intervenciones, sin embargo, Assange también ha sugerido otras razones para distanciarse de The New York Times y The Guardian.

Al primero, por ejemplo, lo ha acusado de cobarde, de estar demasiado cerca del poder, y de sesgos en su cobertura sobre WikiLeaks y sobre su persona.

Assange también ha amenazado con demandar a The Guardian por un libro basado en su relación de colaboración, pues sostiene que el diario británico quiere enriquecerse a su costa y la de su organización.


¿Fuente o medio de comunicación?

La disputa, en cualquier caso, también viene a ilustrar algunos de los retos y dificultades del periodismo ante la emergencia de nuevos actores como WikiLeaks. Y puede que también encierre lecciones para los interesados en divulgar, o evitar la difusión, de información.

En un extenso artículo publicado en enero de este año, por ejemplo, el director ejecutivo de The New York Times se refirió a las dificultades de su relación con Assange como ejemplo de las tensiones entre una fuente "elusiva, volátil y manipuladora" y un medio de comunicación decidido a mantener su independencia.

"Siempre consideramos a Assange como una fuente, no como un socio o un colaborador, sino como un hombre que claramente tenía su propia agenda", escribió Bill Keller en esa oportunidad.

Assange, sin embargo, insiste en que la postura de The New York Times estaba vinculada sobre todo a la necesidad de "proteger su propio trasero frente a la Ley de Espionaje de Estados Unidos".

"Querían aparecer como receptores pasivos de la información, porque lo que para unos es colaboración, para otros es conspiración", dijo Assange, vía videoconferencia, en un simposio celebrado hace dos semanas en la Universidad de Berkeley, EE.UU.

Esta discusión, que a primera vista puede parecer eminentemente académica, no es un asunto menor, especialmente en el contexto de posibles juicios por espionaje o traición, pues fuentes y periodistas no gozan en la actualidad de los mismos niveles de protección.

Y, al mismo tiempo, todo indica que la relación entre medios de comunicación tradicionales y actores clic similares a WikiLeaks será cada vez más importante y frecuente.

De hecho, según estimaciones de la revista The Atlantic, más de la mitad de las ediciones de The New York Times publicadas en lo que va del año han contenido artículos basados en revelaciones de WikiLeaks (a pesar de su problemática relación).

Y como le dijo a BBC Mundo el blogger Evgeny Morozov, quien escribe sobre la relación entre política e internet, el propio Assange hace rato se dio cuenta de que su organización tampoco puede prescindir de los medios de comunicación.
Sin secretos

Fue por eso que, para la publicación de los archivos de Guantánamo, WikiLeaks contactó a Al Jaazera, The Daily Telegraph y el Washington Post.

El sitio de filtraciones también le facilitó los documentos al grupo de periódicos McClatchy, al que pertenece, entre otros, The Miami Herald, y continuó trabajando con la revista alemana Der Spiegel -único sobreviviente de la coalición que trabajo en los "Diarios de Afganistán"- y los periódicos El País y Le Monde, que habían sido incluidos entre los receptores de los cables del Departamento de Estado.

WikiLeaks, sin embargo, no pudo evitar que el The New York Times obtuviera copia de los mismos de manos de otra fuente y que los compartiera con The Guardian y con la radio pública estadounidense, NPR.

Y la filtración forzó a sus nuevos aliados a adelantar la fecha de publicación de su propio material.

Morozov, quien es el autor de clic "El engaño de la red", le dijo a BBC Mundo que no le sorprendía que WikiLeaks se hubiera convertido en un "filtrador, filtrado", pero advirtió que la lección no tiene nada que ver con internet.

"La información siempre va a terminar conociéndose. Pero eso no tiene hada que ver con la tecnología, sino con la naturaleza humana. Y es que dentro de cada institución siempre va a haber gente desencantada, en este caso gente desencantada con Assange", explicó.

Y tal vez porque reconoce esa inevitabilidad, o porque sería contradictorio que un sitio que ha hecho suyo el lema "La información quiere ser libre" se enoje por una filtración, WikiLeaks terminó reaccionando filosoficamente ante la situación.

"Nos complace que el NYT, Guardian & NPR eventualmente hayan sumado su peso y maximizado nuestro impacto, a pesar de la intención de algunos", escribió en Twitter @WikiLeaks.

(BBC)